Contra la Usura y Despilfarro

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La generosidad y la humildad hecha carne.

Este artículo me lo ha publicado previamente la Web de Falange Auténtica




Ayer cuando me metí en la cama y mientras me rendía al sueño, estaba escuchando la radio. En la emisora que tenia sintonizada, se ocupaban de los temas deportivos. El comentarista narraba con pasión el acto de la entrega de premios, y ponía el énfasis en la actitud de Vicente del Bosque que saltándose el protocolo, ( cuestión está según la narración constatada con la organización), protagonizo unos hechos que ponen de relieve la virtud personal de este hombre tranquilo, de este seleccionador poco bullicioso, de esta persona que mientras mas discreción muestra, mayor es la fortaleza personal que desprende. Vicente del Bosque no quiso ser tampoco en este caso, el protagonista de una escena que había sido diseñada para el, con rigurosa exclusividad. Este hombre hecho de una solidez humana inquebrantable, renunció a la gloria que para el se había reservado, y lejos de alimentar su ego con profusión, puso sus ojos en otros, quiso compartir, quiso hacer de su triunfo no la proyección de su persona, sino el homenaje a la cadena de trabajo, de esfuerzo que requieren el llegar, donde ha llegado nuestra selección. Y fuera de lo marcado por el guión, salio para llamar a Luis Aragonés y compartir el premio.







Tengo que decir que cuando escuchaba esta noticia, me emocioné, como lo hago cuando ante mi ojos veo, la expresión viva de los sentimientos humanos. Esto me pasa desde que de pequeño veía aquellas películas que nos hacían bucear en el mundo de los sentimientos mas nobles del ser humano. Muy lejos de lo que por desgracia la pluralidad televisiva pone delante de ojos de nuestros hijos.

Después de escuchar semejante ejemplo, que no es el relato literario de lo potencialmente posible, de lo que las cosas debieran ser, sino que es la IDEA, llevada al mundo de los hechos. Me preguntaba y la vez me respondía, que sería de esta sociedad nuestra, si nuestros políticos, si los que en nuestra sociedad se encuentran en un posicionamiento, desde el cual pueden influir en las vidas, los destinos, o las circunstancias de los demás, mostraran esta generosidad, esa humildad, ese trabajo silencioso, pero efectivo. No estaríamos donde estamos, habríamos salido de la tortuosa autopista, por un lado de la PROPAGANDA, de la incompetencia, de la torpeza reiterada, de la mentira inoculada en la vena social, de la mediocridad llevada al elitismo político. Y por otro de la no menos tortuosa autopista, de la critica fácil, de la contemplación plácida del derribo de la casa donde hemos de dormir, sin tener el arrojo de remangarse para poner sobre la mesa el proyecto claro, definido y valiente de cómo apuntalar, arreglar y engrandecer el solar PATRIO, que no pertenece, ni a esta, ni a la próxima generación, sino que es un patrimonio heredado no para liquidarlo, sino para engrandecerlo, acrecentarlo.

Vicente del Bosque, un gran hombre, un español de los que estamos muy necesitados. Aunque solo sea por esto, este hombre debiera ser ministro de "Educación para la Ciudadanía". Aunque sea sin cartera, su valor está el gran espíritu que le anima.

Machacando las Almendras

VIDAS EJEMPLARES: Guillermo Rovirosa

GUILLERMO ROVIROSA


“Dios nos habla a través de las dificultades, nos dice que no es momento de apatías ni tibiezas, es hora de conversión y de vivir con radicalidad y autenticidad nuestro compromiso de evangelización. Es hora de llevar la Buena Noticia al mundo obrero; le pertenece ”.
"Guillermo Rovirosa"




Guillermo Rovirosa Albet nace en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) el 4 de agosto de 1897 en una familia de religiosidad tradicional. Pierde a su padre a la edad de 9 años y a su madre cumplidos los 18. Es el momento en que rompe con la vida cristiana. Ingresa en la Universidad Industrial de Barcelona donde se especializa en Dirección de Industrias Eléctricas y de Mecánica Aplicada. Ejerce su profesión en Barcelona. Vive un tiempo de desorientación y de búsqueda de la verdad en las filosofías y corrientes religiosas del momento, reafirmándose en que sólo en la ciencia se halla la verdad que el hombre puede comprender. En 1925 se casa con Catalina Canals, mujer de honda religiosidad. Se traslada a París. Son éstos años de incredulidad y escepticismo, en los que su fuerte personalidad y su gran capacidad intelectual se estrellan en la insuficiencia de lo que se le presenta como clave de respuesta.

Un suceso marcará su vida. En mayo de 1932 pasa casualmente por delante de la Parroquia de San José, donde el Cardenal de París, Monseñor Verdier, está predicando. Movido por la curiosidad se acerca a verle. Y oye que está diciendo: “El cristiano es un especialista en Cristo..., el mejor cristiano es el que más sabe de teoría y práctica de Jesús”. Esta afirmación tocó su corazón y se le impuso la evidencia de que él no conocía a Cristo. Su honestidad le hacía ver que estaba negando lo que no conocía realmente. Y comienza desde ese momento un proceso de búsqueda de la verdad de Jesús que le llevará a conocerlo y admirarlo como hombre y, más tarde, ayudado por el padre Fariña, agustino en El Escorial, a aceptarlo como redentor en la Navidad de 1933; hará entonces con clara conciencia su “segunda Primera Comunión”.

Comienza aquí una etapa de vivencia cristiana apasionada, caracterizada por la austeridad, la exigencia de perfección y la entrega apostólica. Su esposa, que largamente había pedido a Dios la conversión de su marido, ha acompañado su camino de reincorporación a la fe de la Iglesia. Ahora los dos hacen lo que llamarán el “pacto tripartito” con Dios, según el cual ellos, que no tenían hijos, se comprometen a dedicar al trabajo apostólico todo su tiempo, su profesión y su vida matrimonial y a Dios le pedían que dispusiera las cosas de modo que ellos cubrieran sus necesidades viviendo pobremente.

Se queda a trabajar en Madrid y se entrega con entusiasmo a la lectura de las grandes obras de la teología y espiritualidad cristianas; una primera aproximación a cursos de enseñanza social de la Iglesia le defrauda profundamente por su enfoque paternalista y desconocedor de la dignidad obrera. Allí le sorprende la guerra civil; es nombrado presidente del Comité Obrero de su empresa. Organiza una “capilla clandestina” en su casa, donde diariamente se celebra misa. En los sótanos de su vivienda se halla la biblioteca de la institución de los jesuitas “Fomento Social”. Esto le pondrá en contacto con la Doctrina Social de la Iglesia, lo que le ayudará a organizar su pensamiento y sus planteamientos sociales con rigor, y a descubrir y valorar definitivamente el apostolado obrero, lo que él llamará su “segunda conversión”. Terminada la guerra, bajo la acusación de haber sido presidente del Comité Obrero de su empresa, es condenado a 12 años de cárcel. Sólo cumplirá uno, y diez meses de éste saliendo a trabajar durante el día al Instituto Llorente.

A finales de 1940 se incorpora a la Acción Católica. Le buscan para que forme parte del Consejo Diocesano de Madrid. Hace los tres cursos del Instituto Central de Cultura Religiosa Superior. Va transformando la vocalía social diocesana en un auténtico Secretariado Social, tras su sueño de devolver a Cristo a los pobres, al mundo obrero.

En mayo de 1946 la Junta de Metropolitanos de España acordó la fundación de la Hermandad Obrera de Acción Católica como movimiento especializado para los obreros adultos, dentro de la Acción Católica. El Consejo Nacional de los Hombres de AC se dirige al Consejo Diocesano de Madrid y encarga a G.Rovirosa la tarea de organizar y poner en marcha la HOAC. Este entiende que Dios ha aceptado el compromiso de su conversión, de dedicarse por entero al apostolado en el mundo del trabajo y de vivir como un obrero pobre. En lo sucesivo, lleno de gozo, se entrega a esta empresa. Deja su puesto en el Instituto Llorente y marcha a Montserrat para orar y reflexionar su nueva tarea. (El Monasterio será siempre un referente al que volverá una y otra vez para retirarse a orar, para recuperarse y escribir). Visita todas las diócesis de España, publica la hoja “HOAC”, preparando la Primera Semana de la HOAC, que en el mes de septiembre reúne a más de 300 obreros y significa el comienzo de la Acción Católica Obrera en España

En esta Primera Semana se aprueba la publicación de un semanario obrero. Rovirosa se encarga de sacarlo adelante y el 1 de diciembre de 1946 sale a la calle el “¡Tú!”, periódico que llegará a editar hasta 43.000 ejemplares en unos años en que la prensa estaba férreamente controlada y la mentalidad imperante en absoluto era propicia a los planteamientos que en él se hacían. Porque el contenido y el mensaje de la publicación, transmitiendo criterios evangélicos en una realidad obrera sangrante, con un tono realista y enérgico, no dejaba indiferente a nadie. Esto provocó que en 1952 fuera definitivamente prohibido por la autoridad civil. Este semanario, de amplia difusión, así como el “Boletín de la HOAC” —durante años obra en gran parte de Rovirosa—, dirigido a los militantes, aciertan a transmitir el conocimiento del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia despertando las conciencias y presentando la verdad transformadora de Jesucristo y de su Espíritu como salvación en la vida real de las personas y de la sociedad.

Un episodio ciertamente doloroso sucede entonces. Su esposa, que había estado siempre a su lado en el camino hacia la fe, en su alegría de converso y en sus proyectos de apostolado, pensando que su presencia podría restar algo de la dedicación de su marido a la tarea que Dios le confiaba como apóstol obrero, decide dejarle totalmente libre. Cuando Rovirosa vuelve de la Segunda Semana Nacional, en 1947, Catalina Canals desaparece dejando esta nota: “parto para que puedas seguir libremente tus caminos; no me busques; que Dios te bendiga como yo te bendigo”. En la mente de todos los que les han conocido está el convencimiento de que ha ingresado en algún convento de clausura, posiblemente en Francia. Pese a haberlo intentado, no se ha vuelto a tener noticia de ella. El propio Guillermo Rovirosa vivirá con gran dolor este hecho y en adelante su dedicación apostólica incluirá también este matiz de fidelidad a su esposa.

Su gran obra, la HOAC, crece y se extiende. Diseña planes y métodos de formación: cursillos nocturnos, semanas de estudio, “Plan Cíclico” de formación cristiana, grupos obreros de estudios sociales (GOES), partiendo de la realidad vivida, analizándola con la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, volviendo a ella para transformarla según el proyecto de Dios. Asume los valores, los anhelos y realizaciones del movimiento obrero que no son incompatibles con la fe cristiana. Se hace presente en todas las diócesis, con su palabra directa, incisiva, evangélica, transmisora de una experiencia vital que contagia. Su conocimiento bíblico y teológico es serio y su espiritualidad muy honda. Todo ello queda reflejado en los contenidos de sus escritos y de sus charlas: el amor y la misericordia de Dios demostrados en Jesús que provocan nuestra respuesta agradecida, el bautismo y la santidad vivida en el trabajo de cada día, la vida trinitaria y la llamada a la comunión que implica, la pobreza y la debilidad como signos donde la fuerza de Dios se manifiesta, la humildad, la pobreza y el sacrifico como virtudes del militante cristiano... son temas recurrentes que Rovirosa vive y plantea.

Como buen discípulo de Cristo, también él será signo de contradicción. Su trabajo evangelizador entre los obreros pone en evidencia las incoherencias de muchas actitudes supuestamente cristianas y las contradicciones de un sistema que se pretendía cercano a la Iglesia. Es objeto de sospecha y de calumnia, hasta el punto que la Jerarquía eclesiástica lo aleja de los puestos directivos de la HOAC. Guillermo Rovirosa, desde su conversión, vive su pertenencia a la Iglesia con inmenso amor y agradecimiento, pues se sabe traidor perdonado; su aprecio y defensa del Papa y de los obispos es sincero y notorio. Con la misma docilidad que aceptó entonces -mayo de 1946- el encargo que se le hizo de organizar la HOAC, acepta ahora -mayo de 1957- la decisión que se le impone de dejar el servicio que prestaba en ella. Fue una lección más de su talante eclesial, que él vivió con una gran paz.

Poco después, en un accidente de tranvía pierde el pie izquierdo; supone para él una experiencia de dolor físico y de limitación que evoca y le une a la cruz de Jesús. En adelante Rovirosa hará largas estancias en Montserrat, donde alternará trabajos técnicos de electricidad con la oración, la reflexión, el diálogo con los monjes, la colaboración en el “Boletín de la Hoac” y una amplia correspondencia con militantes y amigos. Será éste un tiempo muy fecundo. De profundización espiritual y de avance en su pensamiento tal como queda reflejado en sus obras escritas entonces (“La virtud de escuchar”, “Dimas”, “Judas”, “Cooperatismo integral”, “¿De quién es la empresa?”).

El 27 de febrero 1964, tras sufrir una embolia cerebral en su casa de Madrid, fallece en el Hospital Clínico madrileño. Por entonces el Concilio Vaticano II trataba de describir el cristiano de los tiempos nuevos. Guillermo Rovirosa presentaba justamente el perfil de cristiano laico adulto, testigo auténtico de la fe en el mundo actual, que el Concilio diseñaba. Un regalo de Dios a su Iglesia.

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Machacando las Almendras

Una historia de guerra. de Arturo Pérez-Reverte

Una historia de guerra  en el XLSemanal - 13/9/2010



Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.



Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.



Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.



Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.



A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.


Machacando las Almendras

Vidas Ejemplares :Profesor Jerome LeJeune

Hoy después de la andadura de una año con este blog, inaguro una nueva sección VIDAS EMPLARES, que intentara dejar testimonio vivo que  frente la corrupcion que vivimos existen y han existido personas que con su comportamiento han encarnado ese otro camino que es posible el camino de la virtud, que nos conduce desde la verdad, al bien, a la justicia, a la paz .


Católico defensor de la vida y padre de la genética moderna
-Su Biografía: "Life is a Blessing" de Clara LeJeune, Ignatius Press
"Cada uno de nosotros tiene un momento preciso en que comenzamos. Es el momento en que toda la necesaria y suficiente información genética es recogida dentro de una célula, el huevo fertilizado y este momento es el momento de la fertilización. Sabemos que esta información esta escrita en un tipo de cinta a la que llamamos DNA... La vida esta escrita en un lenguaje fantásticamente miniaturizado. -Dr. Lejeune, pionero en genética y ciencia pre-natal, Univ. Paris.

En la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de Febrero, 2007, se anunció la apertura de la causa de beatificación del Profesor Jerome LeJeune.

El Dr. Jérôme Lejeune es reconocido tanto por su fidelidad a la Iglesia como por su excelencia como científico. A los 33 años de edad, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21.
En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental.

El profesor LeJeune era reconocido por todos. Se esperaba que recibiera el Premio Nobel. Pero en 1970 se opone firmemente al proyecto de ley de aborto eugenésico de Francia. Esto causa que caiga en "desgracia" ante el mundo. Prefirió mantenerse en gracia ante la verdad y ante Dios: matar a un niño por estar enfermo es un asesinato. Siempre utilizó argumentos racionales fundamentados en la ciencia.

Llevó la causa pro vida a las Naciones Unidas. Se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”. Tenía razón. No se lo dieron. No querían a un científico que se opusiera a la agenda abortista.
LeJeune también rechazó los conceptos ideológicos que se utilizan para justificar el aborto, como el de "pre-embrión".

Fue acusado de querer imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia. No faltaron miembros de la Iglesia que lo rechazaran. Le cortaron los fondos para sus investigaciones. De repente se convirtió en un paria.

Juan Pablo II reconoció la excelencia del Dr. Le Jeune nombrándolo Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el 26 de febrero de 1994. Muere el 3 de abril del mismo año, un Domingo de Pascua.

Con motivo de su muerte, Juan Pablo II escribió al Cardenal Lustinger de Paris diciendo: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.

Machacando las Almendras.

En estos días de CRISPACION: Melchor Rodríguez "El ángel rojo"

Hubo una resolución de un Juez, el Juez Baltasar Garzón,  que vino a decir que no era legal, investigar los asesinatos cometidos por parte de la izquierda española, concretamente una acusación contra Santiago Carrillo. Nadie salio a la calle a pedir la cabeza de este juez, nadie utilizo recursos publico para apoyar intereses ideológicos particulares, ni puso en duda el Estado de Derecho.
En estos días en los que la izquierda mas cerril, que en gran parte vive de las subvenciones publicas,  se echa al monte, mostrando su cara mas Stalinista, es preciso mantener la serenidad y rescatar la ejemplaridad de la vida de hombres que trabajaron  para la concordia.  

A continuación reproduzco un articulo,  del blog la TERCERA ESPAÑA, sobre el anarquista Melchor Rodriguez como muestra practica de saber aprecia la virtud allí donde exista.




Madrid, noviembre de 1936. Miles de reclusos son trasladados de las cárceles madrileñas a las afueras de la capital para ser fusilados. Son las tristemente famosas sacas. Con este siniestro procedimiento fueron asesinados un importante contingente de presos sospechosos de haber colaborado con el bando franquista, muchos de ellos sin haber sido juzgados. Estas matanzas de la que queda constancia física en el cementerio de Paracuellos del Jarama van a ser frenadas con la llegada a la Dirección de Prisiones del anarquista Melchor Rodríguez. Sevillano de Triana, de familia muy humilde, intentó salir de la miseria lanzándose a los ruedos de los que salió malparado con una cornada. Ya en Madrid trabaja como chapista y se afilia a la CNT. Sus profundas convicciones humanistas le llevan a emprender una lucha a favor de los derechos de los presos, incluso de los presos de ideologías contrarias, lo que le hace merecedor de encontrarse tras las rejas en multitud de ocasiones a lo largo de la Monarquía e incluso durante la República.









Estalla la Guerra Civil y es nombrado director general de prisiones el 10 de noviembre de 1936. Al comprobar la impunidad y la barbarie con la que actuaban en las cárceles los comunistas -Santiago Carrillo y Serrano Poncela entre ellos- dimitirá pocos días después. Su margen de actuación era aún muy reducido para detener estas atrocidades. Enterado el Ministro de Justicia del Gobierno republicano, el también anarquista García Oliver, de las presiones a las que se vio sometido Melchor Rodríguez por parte de los comunistas, lo nombró el 4 de diciembre Delegado General de Prisiones en Madrid con plenos poderes. Los tres meses en los que las cárceles de las ciudad de Madrid estruvieron bajo su control terminaron las matanzas en masa. Para conseguir esto objetivo Melchor Rodríguez tomó una serie de medidas como la implantación de una norma según la cual quedaba prohibida sin su autorización la salida de presos de las cárceles entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana. Esta orden supuso en buena medida el fin de los paseos nocturnos. Las cárceles dejan de ser una pesadilla para convertirse en un lugar seguro en medio de la masacare de la guerra. Uno de los hechos más memorables que nos dice mucho de su valentía y humanidad fue su decisiva intervención en la prisión de Alcalá de Henares impidiendo que decenas de milicianos encolerizados lincharan a los presos, en respuesta al bombardeo al que las tropas franquistas habían sometido el campo de aviación de la ciudad. Los milicianos se presentaron armados en el despacho del director de la prisión exigiéndole que abriese las celdas para ejecutar la venganza. Melchor Rodríguez se desplazó hasta la localidad, se enfrentó con los milicianos, dando incluso la orden de proporcionar armas a los reclusos en caso de que los asaltantes persistiesens en su actitud, y finalmente salvó la vida de cientos de presos. Pero el nuevo gobierno de Juan Negrín, títere de los comunistas, tenía como objetivo continuar con la política represiva y Melchor Rodrígjuez sobraba. Es destituido el 1 de marzo de 1937. Volvieron las matanzas y ajusticiamientos sin garantías jurídicas.





Apenas había durado tres meses en el cargo , pero ese tiempo había bastado para salvar miles de vidas. El apelativo cariñoso de "ángel rojo" se lo otorgaron algunos de las personas que le debieron la vida y que posteriormente dieron público testimonio de su humanitarismo, entre otros, los militares Agustín Muñoz Grandes y Valentín Galarza, los falangistas Raimundo Fernández Cuesta y Rafael Sánchez Mazas -el protagonista de Soldados de Salamina-, el famoso futbolista Ricardo Zamora, los hermanos Luca de Tena o los futuros ministros Martín Artajo y Serrano Súñer. Como anécdota hay que recordar que en 1938 se jugó la vida por permitir que en el funeral del dramaturgo Serafín Álvarez Quintero, al que con anterioridad salvó la vida, se exhibiera un crucifijo, cumpliendo así su última voluntad. Fue el único crucifijo que se exhibió en público en el llamado Madrid rojo. Muchos de sus correligionarios no entendían en medio del odio generado en una guerra fraticida sus firmes principios, el primero de los cuales era el respeto que merece toda vida humana. Nombrado por el general Casado último alcalde del Madrid republicano fue el encargado de traspasar los poderes a los franquistas el 28 de marzo de 1939. Cuando los que se autoerigían en defensores del pueblo huyeron abandonando a su suerte a los republicanos en Madrid, personajes como Melchor Rodríguez, Casado o Julián Besteiro resistieron con su pueblo y hoy pocos los conocen o recuerdan.





Termina la Guerra Civil y a pesar de haber salvado la vida de tantos, el dictador fue implacable con "el ángel rojo". Nada pudieron hacer por él los que tanto le estaban agradecidos. Incluso en el juicio la defensa argumentó que se había comportado dando muestras de cualidades genuinamente cristianas. Rodríguez insistió en que no era cristiano sino anarquista y que se había comportado como tal. Seis años de cárcel para un hombre que tanto hizo por la dignidad de los presos no lograron hacerle desistir de aquello por lo que luchó. Al salir prisión, vivió modestamente como empleado de seguros, rechazando toda ayuda económica. En 1956, el falangista José Antonio Girón de Velasco le dedicaría un libro denominándole "vanguardista infatigable en la batalla por la Justicia y por la Libertad del Hombre". Tras sufrir un aparatoso desmayo en su humilde casa madrileña fue trastalado al hospital Franscisco Franco. No tardó su amigo y entonces ministro Javier Martín Artajo, al que le había salvado la vida en 1937, en hacer acto de presencia. Cuando Melchor recobró la lucidez charlaron largo rato. Artajo llevaba una corbata en la que lucían los colores anarquistas y también un crucifijo. Al final de la conversación, el "ángel rojo" besó el crucifijo.













Murió en 1973. Su emotivo y sencillo entierro congregó a gentes de muy diversas tendencias ideológica y trayectorias vitales encontradas. Todos querían tributar un merecido homenaje a un buen hombre que pasó por el mundo haciendo el bien y que ahora póstumamente recogía todo el cariño que él había sembrado en vida. La presencia de ministros, anarquistas, jerarcas del régimen, ex-presos de varias ideologías y supervivientes de las cárceles del 36, estaba propiciando, como después ocurriría con el entierro de Dionisio Ridruejo, un ambiente favorable al entendimiento entre españoles que hiciera posible la transición democrática. Sobre su ataúd cubierto con la bandera anarquista y con un crucifijo, se rezó un Padrenuestro y en plena dictadura un grupo de falangistas auténticos, opuestos a Franco, unieron sus voces a los anarquistas y entonaron el himno anarquista "Negras tormentas agitan los aires..." Como ya comentamos más arriba, Melchor Rodríguez había conseguido en vida que un cricifijo se exhibiese públicamente por primera y última vez en el Madrid rojo y ahora muerto hizo posible que la bandera y el himno anarquista se viesen y oyesen también por vez primera públicamente en el Madrid franquista.

Hoy treinta y cinco años después de su muerte, en plena efervescencia de la llamada Memoria Histórica, no hay en Madrid ni Sevilla una sola calle que lo recuerde, si bien está en marcha una iniciativa popular para que los Ayuntamientos de Madrid y Sevilla remedien esta injusticia histórica. Pero nosotros lo hacemos aquí ciudadano con todo derecho de la Tercera España pues su vida fue un ejemplo de entendimiento entre españoles. Cuando aún resuenan las balas del terrorismo etarra en nuestra Patria, recordemos aquí las palabras de un hombre que presenció cómo los españoles se mataban y él expuso su vida en varias ocasiones por evitarlo:

Enlace:  http://laterceraesp.blogspot.com/2008/07/melchor-rodrguez-el-ngel-rojo.html



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